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El estrés de fin de año es contagioso en las relaciones de pareja

Un estudio confirma que el estrés es contagioso a nivel psicológico y biológico, especialmente en relaciones continuamente hostiles. Así funciona.

El viaje para visitar a los suegros está a la vuelta de la esquina. De pronto, los gastos de regalos de navidad y detalles de fin de año se fue a los cielos. ¿De verdad nos gastamos tanto en la cena del 24 de diciembre? La otra persona está molesta porque trajiste el tema a la mesa, mientras comían solos. Y a todo esto, ¿quién se va a quedar con el perro en los días que no estés en la ciudad? Sí, el estrés es contagioso.

 

Especialmente durante las fiestas de fin de año, parece que el ambiente en casa se vuelve más tenso. Aunque originalmente la intención es que las cenas, reuniones y celebraciones sean motivo de alegría, la verdad es que los días previos pueden ser francamente indeseables — y ese sentimiento de angustia parece diseminarse. Más aún con las personas con las que compartimos espacio personal. Entre ellas, nuestras parejas. Ésta es la razón científica.

 

Una cuestión de cercanía

Fotografía: Milan Popovic / Unsplash© Proporcionado por Muy Interesante Fotografía: Milan Popovic / Unsplash

El surgimiento de Ómicron añadió un elemento más de estrés a las familias del mundo. Como si las fiestas navideñas no fueran lo suficientemente tóxicas, la aparición de una variante de COVID-19 resistente a las vacunas, capaz de ‘engañar’ al sistema inmune humano parece como una mala jugada del virus para las personas.

 

Especialmente en el contexto de un fin de año pandémico más, la psicóloga social Rosie Shrout está segura de que el estrés es contagioso, y está mermando la salud de las personas. Así lo explica en su artículo para The Conversation: 

 

“Es posible que [una persona] ya sepa que el estrés puede afectar su propia salud, pero es posible que no se dé cuenta de que su estrés, y cómo lo maneja, lo está contagiando”.

 

Para Shrout, el estrés es contagioso a nivel psicológico y biológico. Si bien es cierto que en los ambientes de oficina es probable que los compañeros nos transmitan su angustia, este fenómeno se aprecia mucho más en los círculos cercanos de las personas. “Su estrés puede extenderse, especialmente a sus seres queridos”, escribe la autora.

 

Este estrés compartido altera el sistema inmunológico de las personas, así como desencadena respuestas adversas a nivel endocrino y cardiovascular. Especialmente cuando las reacciones hostiles de nuestros seres queridos se vuelven más constantes, o sentimos comentarios demasiado críticos en las reuniones familiares. Ésta es la razón.

 

Según los resultados de la investigación que Shrout condujo para Purdue University, el estrés es contagioso en las relaciones desde las señales y gestos más sutiles. Los comentarios sarcásticos, voltear los ojos o tronar los dientes podrían parecer como inofensivos al principio, pero se van sumando a nivel inconsciente.

 

El cuerpo físico también recibe estas agresiones. Aunque de bote pronto no generen una reacción, los seres humanos somatizamos el estrés y la angustia. Sigmund Freud decía que estos sentimientos adversas encuentran ‘otras vías para manifestarse’ y salir del organismo. A largo plazo, la presión social se convierte en una alteración de la presión arterial y otras afecciones orgánicas:

 

“[…] las personas en relaciones hostiles tenían una cicatrización de heridas más lenta, mayor inflamación, mayor presión arterial y mayores cambios en la frecuencia cardíaca durante el conflicto”, explica Shrout.

 

Esto es así porque la exposición al cortisol, la hormona que producimos naturalmente para escapar de situaciones que ‘ponen en peligro’ nuestra vida, es nociva a largo plazo. Especialmente cuando la reacción es constante y continua. Para el equipo de Purdue University, la mejor manera de evitar estos estragos es aprender a manejar el estrés y nuestra reacción a las situaciones adversas.

 

Un buen primer paso es hablar las cosas que nos molestan. “Primero, hablen y valídense mutuamente”, aconseja Shrout. “Dile a tu pareja que comprende sus sentimientos. Habla de cosas grandes y pequeñas antes de que se intensifiquen“, concluye.

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